Esta semana, retomaremos el Peace Education Program (Programa de Educación para la Paz) y visitaremos el correccional de Montgomery, en Maryland, Estados Unidos. Linda es una voluntaria recién inscrita que trabaja con mujeres que están beneficiándose de este método.

Hace varios meses recibí, como seguidora de la página web de la Fundación Prem Rawat (TPRF por sus siglas en inglés), un correo que adjuntaba un vídeo titulado “Las vidas cambiaron en San Antonio”. Se trataba de una entrevista con el capitán Carter de la Prisión San Antonio de Texas.

Hasta entonces, nunca había escuchado sobre este programa que la Fundación pone a disposición de las prisiones alrededor del mundo, pero después de visionarlo, me sentí obligada a participar en este esfuerzo tan increíble.

Envié un correo a la página de la Fundación preguntando cómo podía involucrarme en este proyecto. Para mi sorpresa, a los pocos días, recibí la respuesta del equipo local, que ya había puesto en marcha el programa en las instalaciones del correccional del condado de Montgomery, situado en Bodys, Maryland, justo de camino hacia mi casa. Habían estado programando talleres durante varios meses y me dieron la bienvenida, aún cuando estaban en la cuarta semana de un curso de ocho semanas de duración.

Lo que viene a continuación tiene que ver con mi historia. Trabajo como asistente del procurador y hace unos años tuve la oportunidad de visitar el correccional con el fin de que uno de los presos firmara unos documentos. Me sentía algo aprensiva, aunque también sabía que aquello formaba parte de mi trabajo. Cuando aquél día abandoné las instalaciones, era evidente para mí, como asistente, que iba a tener que tomar posiciones. Tenía que haber, inevitablemente, un ganador y un perdedor.

El hecho de ver a los prisioneros en persona me impresionó mucho más que ver su nombre y su número de caso en el despacho del abogado. Había procesado sus fichas y documentos judiciales, pero nunca había tenido contacto directo. Para mí, debido a este trabajo, era difícil elegir una posición. Yo quería que todos fueran ganadores o, al menos, beneficiados. Desde luego, en el actual sistema judicial, esa posibilidad no es algo que pudiera suceder en breve, o al menos así lo pensaba.

Cuando comencé a cooperar como voluntaria, el equipo ofrecía el taller en inglés y en español al sector masculino, debido al mayor volumen de hombres comparado con el de mujeres. Era increíble ver lo enfocados que estaban en los talleres. Se empapaban, hacían preguntas. Tan solo veía ganadores. Qué sorprendente es ver cómo el programa trae esperanza, autoestima y dignidad a aquellos que más lo necesitan. Más allá de la culpabilidad o de la inocencia, esta era la manera de poder ayudar en ambos lados.

Nuestro siguiente paso fue solicitar un taller dirigido a las mujeres. La coordinadora del
voluntariado en las instalaciones, ha sido de gran ayuda y muy transigente. Me alegra decir que nuestra primera sesión tuvo lugar el martes 9 de agosto. El entusiasmo es contagioso y el mensaje es claro. Todos somos ganadores cuando nos enfocamos en el anhelo que tiene el corazón humano por sentirse satisfecho.

Interpretación artística de una clase de Educación por la Paz

 

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