Un almuerzo de celebración

Después de la visita a la cárcel de mujeres en Ezeiza el pasado abril, en agradecimiento,  Prem Rawat quiso convidar a las internas a un almuerzo. Marcela Isaurralde es una de las voluntarias que ayudaron a planificar la celebración. En este artículo nos informa de la fiesta que tuvo lugar el lunes 23 de julio de 2102.

Cuando llegamos a la sala del gimnasio donde el evento iba a tener lugar, algunas ya sabían  qué iba a ocurrir allí, pero otras no tenían idea y comenzaron a unirse al grupo por curiosidad cosa que el equipo aprovechó para invitarles una a una. Instalamos una pantalla de proyección y un proyector de buena calidad. Nos acompañaban algunos voluntarios masculinos bien parecidos, algo que a las internas les encantó. A las 2 de la tarde la sala del gimnasio estaba lista y una inolvidable fiesta estaba a punto de empezar.

La internas comenzaron a llegar, la mayoría de ellas con su mejores vestidos, ya que en esta cárcel el uniforme no es obligatorio. Sus maquillajes y peinados resultaban impresionantes y muchas de las jóvenes reclusas vinieron con sus bebés. Parecía que nadie quería perderse el evento y en el ambiente se respiraba una sensación como si Prem Rawat estuviese presente.

Dahli, otra de las voluntarias, hizo la presentación de una manera elegante y cercana. Explicó que Prem Rawat había ofrecido este evento y almuerzo en agradecimiento a las reclusas. En ese momento todas empezaron a aplaudir y a silbar con gran entusiasmo. Cuando captan un pequeño destello de comprensión, responden con amor y alegría.

En el evento se proyectaron tres vídeos cortos y, como siempre, muchas rieron cuando Prem Rawat narró una historia. Puede que la mayoría no sepan leer o escribir correctamente, pero captan su mensaje con facilidad. Algunas comentaban a las amigas: “Escucha, escucha lo que dice. Ahora puedes ver de qué te he estado hablando”. Los vídeos fueron muy apreciados por la internas, algo que va más allá de las palabras.

Más tarde, un intérprete de música popular de La Plata comenzó a tocar la guitarra. Comentó a las internas que él también era voluntario en otra prisión en la que se imparte el mismo curso. Invitó a las asistentes a unirse a él y, una de ellas, Shakira, permaneció de pie animando al resto de las compañeras a bailar y cantar.

¡Una buena oportunidad para disfrutar de la vida!

Todos cantamos, bailamos y lo pasamos en grande. Fue una celebración desde corazón.El momento del almuerzo  resultó increíble, las comensales estaban encantadas con la comida. Hace unas semanas, les habíamos preguntado qué querían comer en una ocasión tan señalada y preparamos una comida tradicional especial que hacía años que no degustaban. También servimos chocolate caliente con churros rellenos de dulce de leche. ¡Todo un lujo! No podían parar de comer churros.

Cuando te lo pasas tan bien, no deseas marcharte y el tiempo vuela. A las 5 de la tarde las internas tenían que  abandonar el gimnasio y todas querían coger un poco de comida extra para la noche, para el día siguiente o para el resto de reclusas que no habían acudido, y así lo hicieron. Todas se fueron con un estómago agradecido y con su corazón colmado de amor y alegría.

Los funcionarios de prisiones, incluido el capellán, permanecieron durante un buen rato por la tarde. El subdirector de la penitenciaría llegó junto a otras personas. Continuamos cantando y bailando y una señora se acercó a mí, se presentó y me hizo varias consultas acerca del curso. Después me preguntó si a este equipo le gustaría impartir el curso en otras dependencias para hombres.

En ese momento, Silvia, la directora general de prisiones federales y del ministerio de justicia se unió al festejo, nos ofreció su tarjeta personal y su ayuda para poner, lo antes posible, en funcionamiento el programa educativo para la paz: Peace Education Program, en el resto de prisiones.

La fiesta había concluido y, con el mismo cuidado y apreciación, desmontamos la sala. Las internas quisieron ayudar, pero no les estaba permitido. Nos sentimos muy agradecidos y terminamos la limpieza cuando el lugar quedó reluciente. Nuestros corazones estaban felices y agradecidos.

Antes de marcharnos, Stella, la vigilante que siempre se ha mostrado agradecida y dispuesta a echarnos una mano, nos comentó: “Este evento ha sido perfecto, hermoso, como siempre que hacéis algo para Prem Rawat”. Nos abrazamos, nos despedimos y sacamos alguna fotografías del equipo con Stella.

Las internas nos gritaban “¡Gracias por la fiesta y por el banquete!”.

Después, tomamos dos autobuses y un tren y lentamente regresamos a nuestros hogares. No había lugar para la prisa y estábamos felices, sintiendo cada instante de este día inmemorable.

Nuestros corazones bailaban de alegría. ¡Toda una festividad!

Disfrutando de una buena comida, de la música y en buena armonía

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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