Neva Ingalls es una terapeuta especializada en yoga, reconocida por la Yoga Alliance y trabaja como directora del programa de capacitación Inner Domain para profesores de yoga. Neva tiene 55 años, es madre y cuenta con treinta años de experiencia en el arte de la danza  como medio de sanación y en otras variantes de yoga como: Ashtanga, Iyengar, Vinyasa, Raja y Tantra Yoga, y ha impartido clases tanto en Europa como en Estados Unidos. En sus clases enseña a los estudiantes a encontrar un equilibrio entre la firmeza, la vitalidad, la entrega y la fluidez que pueda proyectarse desde la estera de su estudio hasta todos los aspectos de la vida.

Neva escribió este blog para compartir sus observaciones de primera mano sobre los beneficios que producen las clases de educación para la paz en el correccional del condado de Montgomery, Maryland, EE. UU.

Me sentí afortunada por haber podido escuchar a Prem Rawat recientemente en el Teatro Warner en Washington D.C., en julio de 2012. La proyección del DVD sobre el Peace Education Program (Programa de Educación para la Paz, PEP) que se ha implementado en varias cárceles de EE. UU., en concreto en la de San Antonio, Texas, me conmovió profundamente.

Estas personas, que aparecen en el vídeo, habían escuchado a Prem Rawat y sus expresiones de paz y su visión prometedora de futuro me impactaron enormemente. Me percaté de que ese mensaje acerca de la posibilidad de paz interior tenía un gran alcance y se podía compartir con otras personas en cualquier ámbito.

Poco después del evento de Washington D.C., fui invitada en calidad de observadora a una clase de hatha yoga (yoga conocido por su práctica de posturas corporales) en el correccional de Maryland. Una amiga cercana ha impartido clases durante 15 años como voluntaria a grupos de hombres y mujeres, por separado, que tienen problemas de adicción.

Acepté la invitación y aproveché la oportunidad para presentar el mensaje de Prem Rawat en esa cárcel. Le presté a mi compañera un DVD que contiene unas intervenciones públicas de él y le comenté sobre el éxito que estaba teniendo de una manera tangible el programa de educación para la paz en varios centros penitenciarios del país.

Mi amiga me comentó que no sentía ningún vínculo con Prem Rawat, así que le acompañé, un tanto desalentada, pero con el deseo de poder ayudar de alguna forma.

Cuando llegamos los guardias nos escoltaron a través de largos corredores con puertas de acero de apertura automática. ¡Muy intimidante! Las chicas que participaban ese día, daban la impresión de estar apáticas pero comprometidas con la clase de yoga.

Mi amiga me presentó como profesora invitada en calidad de observadora y comenzó realizando una visión general de la filosofía del yoga. Si bien muchas de las clases de hatha yoga se centran en el esfuerzo físico y ella había recibido hace años las enseñanzas de respetables maestros procedentes de la India. Hace especial hincapié en las enseñanzas enfocadas en encontrar esa calma que reside en lo más profundo del ser.

Una vez comenzada la clase una de las estudiantes alzó la mano y, ¡preguntó si conocíamos a Prem Rawat! Tres o cuatro de ellas se unieron con entusiasmo por saber si así era. Imagínense mi sorpresa, mi entusiasmo y mi leve desazón. Era evidente de que el mensaje de Prem Rawat ya había sido presentado en este lugar. Después de mi reparo inicial, me sentí muy contenta de darme cuenta de ello.

Mi amiga les comentó que hace tiempo que yo era estudiante de Prem Rawat y quisieron saber todo acerca de mi relación con él.

Les expliqué que conocí a Prem Rawat en 1975, y que su mensaje de paz había cambiado totalmente mi vida de una forma muy positiva. ¡Las chicas estaban entusiasmadas! La energía de la sala se transformó y se llenó de luz, risas y alegría. Fue increíble ver la transformación que se produjo en las internas, un tanto recelosas al comienzo, y después rebosantes de alegría y esperanza. Algunas de ellas declararon que lo primero que harían, cuando recuperaran la libertad, sería conocerlo en persona.

Una de las chicas exclamó: “¡Después de escucharlo, nada es igual!”Por mi parte debo decir que el hecho de observar de primera mano esta transformación hizo que la visita a la cárcel me llenara de esperanza, alegría y gratitud. Sentí que había una razón por la que yo había ido y no era solo observar la clase de mi amiga.

Una vez más, Prem Rawat tocó mi vida de una manera profundamente personal. Las palabras no pueden describir la gratitud que siento hacia él y a su dedicación para llevar su mensaje de paz a mí y a cualquiera que quiera escucharle. Estoy encantada de que Chris Taney y el equipo del programa educativo de Maryland hayan tomado la iniciativa de presentar este programa en el correccional de Montgomery.

Trabajo realizado a mano por un interno que asiste al programa

 

 

 

 

 

 

 

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