Fue muy emocionante llegar a nuestro taller de Educación para la Paz el pasado 31 de octubre de 2013, bajo la lluvia y la niebla. Ese fue el primero de los muchos viajes  que hemos realizado cada jueves desde Toronto a la prisión de mujeres Vanier Centre en Milton, algunos de ellos en condiciones atmosféricas extremas. La Unidad 4 alberga a 338 internas que están a la espera de juicio.

Emily McLaughlin y yo, como coordinadoras, llegamos con antelación para instalar el DVD. Doce personas y dos voluntarios están autorizadas para asistir al curso. Seis mujeres se habían inscrito para participar en el PEP. El vigilante dijo sus nombres y, a continuación, se hizo un llamamiento general. Finalmente, 12 mujeres asistieron a la clase. Entraron y se colocaron en una mesa alrededor de una pequeña televisión para ver el primer vídeo del PEP.

Vanier PEP team copyHubo mucho alboroto durante las primeras sesiones. Las internas, entusiasmadas, daban golpes en la mesa y mostraban su acuerdo con Prem Rawat diciendo en voz alta «¡Sí!» y «¡Cierto!». A partir de la tercera o cuarta sesión, se estableció una rutina más calmada. Un grupo concreto de mujeres, que habían asistido a la mayoría de las sesiones, comenzaron a mostrarse más participativas, contando sus propias experiencias.

Una mujer de origen indio dijo: «Lo conozco, lo veo en la TV y me habla en mi idioma». (En la retransmisiones por cable de Palabras de Paz que se emiten en hindi y en tamil en Canadá.)

Otros comentarios fueron:

«Pensé que estas clases entrarían en conflicto con mi religión, pero no son diferentes. Se trata de la paz».

«Si él ha hablado ya en una cárcel, ¿qué tengo que hacer para invitarle a venir aquí?».

Debido a los juicios y a las condenas, algunas de las asistentes de la Unidad 4 fueron trasladadas a la Unidad 3 y dejaron de asistir. Otras mujeres se apuntaron a las clases en la Unidad 4, y también hubo un grupo que vino una o dos veces y después lo dejaron. Tras once talleres, cuatro internas recibieron su certificado de asistencia, con un mínimo del 75 %. A continuación las invitamos a rellenar un cuestionario sobre el curso. Este comentario de una de ellas resume la esencia de lo que todas expresaron: «He aprendido que la paz está dentro de mí, aunque me encuentre en la cárcel».

Viendo la reacción tan positiva y el entusiasmo que mostraron estas primeras participantes, el director de programas nos invito a volver para llevar a cabo otro programa del PEP los jueves por la mañana en la Unidad 3, y continuar por la tarde en la Unidad 4.

Cuando Emily y yo íbamos caminando por el pasillo principal de la prisión, una de las internas dijo: «¡Mira, son las señoras de la paz!».

Michel Klamph photoEstoy asombrada de la transformación que se ha producido en algunas participantes. Durante la primera clase, cuando Prem Rawat estaba explicando los efectos positivos de su mensaje entre las personas encarceladas alrededor del mundo, una interna dijo: «¿Puedes parar y volver a poner esa parte?».

Él habla con frecuencia de sus conversaciones con los internos:

«Yo no los veo como personas que han hecho algo incorrecto, sino como seres humanos, no veo presos. Y a pesar de que estaban entre rejas, lo que para mí es la más desesperanzadora de las situaciones, cuando les pedí que fueran conscientes de su existencia, ellos encontraron la paz, la esperanza, la libertad. Encontraron la emoción y, lo más importante, se encontraron a sí mismos».

Uno de los vigilantes dijo: «Cada vez que la señora termina la clase y se va, ellas se quedan sonriendo».

Se trata de un lugar de alta seguridad, donde hasta un pastel  pasa  por la pantalla. Pero incluso en la cárcel, los internos están celebrando la vida.

 

 

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