Lanzamiento del PEP en Pensilvania (1ª parte)

El voluntario del Programa de Educación para la Paz (PEP), Chip Presendofer, nos relata los pasos que han dado él y un perseverante grupo de personas para presentar el programa en la cárcel del condado de Berks, Pensilvania. En la actualidad el grupo trabaja en la preparación de un segundo programa en esta cárcel del condado. Esta es la primera parte de la historia.

En enero de 2013 tuve la oportunidad, junto a otras tres personas, de revisar el último contenido del PEP. Desde que escuché hablar del curso por primera vez, me sentí motivado para contactar con las cárceles cercanas al lugar de mi residencia; sin embargo, los primeros contactos habían sido infructuosos. El plan del curso renovó mi entusiasmo y al ver un video sobre el programa con el título «Paz en el interior», el pasado verano, sentí que teníamos una historia sólida que contar. Creo que la idea de llevar un mensaje de esperanza a la gente que ha tenido ciertas dificultades en la vida, hace que el esfuerzo merezca la pena. Las noticias que nos llegaron desde el centro penitenciario de San Antonio confirmaron mi idea.

Comenzamos elaborando un plan de acción. Dos miembros del equipo escribieron una carta de presentación y crearon una lista con posibles destinatarios que, pensábamos, tenían la capacidad de ayudarnos para que el PEP llegara a los lugares adecuados Enviamos aproximadamente diez cartas y ampliamos el círculo hasta el condado vecino de Berks.

El 21 de febrero nos reunimos con un funcionario que nos indicó que debíamos presentarnos a un comisionado específico de la dirección de la cárcel. Contactamos con él y mantuvimos persistentemente la relación hasta que, el 28 de febrero de 2013, recibimos una carta del alcaide expresando su interés en implementar el Programa de Educación para la Paz en la cárcel del condado de Berks.

Pennsylvania PEP Team (Not All Members Pictured)

¿Y ahora qué? Tuvimos que esperar hasta que la dirección de la cárcel organizara al personal y el lugar necesario en el centro. Mientras tanto, hubo algún papeleo que formalizar, como la verificación de antecedentes y la capacitación de los voluntarios. En abril, el centro programó un cursillo de capacitación de voluntarios para el 17 de julio, así que estuvimos en un compás de espera.

Llegados a este punto, parecía una buena idea reunirnos bajo la premisa de revisar los materiales del curso. La idea era que un grupo de voluntarios se sintiera identificado con las sucesivas reuniones y eso es justo lo que sucedió.

Cada domingo durante seis semanas nos reuníamos, revisábamos el contenido de los talleres y analizábamos la información que podíamos recopilar de las personas involucradas en el PEP. Desde EE. UU., Sudáfrica y Canadá un grupo de voluntarios nos ofreció la información y el asesoramiento necesario. Nos informamos sobre lo que debía y no debía hacerse, de aquello que habían aprendido y de lo gratificante que resulta llevar un mensaje de paz y esperanza a un entorno como el de un centro penitenciario.

Cinco personas asistieron al cursillo de capacitación de la cárcel en julio Fue una situación llena de realidad para todos nosotros. La lista de las cosas que podrían salir mal y la imagen que nos dieron de los internos fueron muy reveladoras. Al finalizar, los monitores dibujaron las situaciones que podían llegar a presentarse, en el peor de los casos que podía presentarse en el peor de los casos, pero cuando les preguntamos si ellos permitirían a sus propias hermanas ser voluntarias, sin dudarlo dijeron que sí. Esto hizo que nos sintiéramos un poco más cómodos, pero quedaban todavía muchas lagunas. Comentamos nuestros temores y preocupaciones en nuestra reunión, y todos coincidimos en que el riesgo merecía la pena. Fue un momento de realidad que compartimos juntos y la experiencia cristalizó nuestra determinación por seguir adelante.

(Continúa la semana próxima)

Berks County Jail

Cárcel del condado Berks

 

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