Kathryn Bright es voluntaria en el área de subvenciones de la Fundación Prem Rawat (TPRF). Kathryn se mostró especialmente interesada en uno de los proyectos que la TPRF financia para abastecer de agua limpia a un poblado en las montañas andinas de Ecuador, donde descubrió -en su reciente visita- una increíble historia que muestra como la cooperación, el ingenio y la iniciativa, han mejorado las condiciones de vida de los habitantes de Paragachi. Kathryn la narra de primera mano, junto a su amigo Paul Murtha, presidente de una organización local, quien jugó un importante papel en el éxito del proyecto «Agua para Paragachi».

La Carretera Panamericana cruza, de norte a sur, la cadena montañosa de los Andes en Ecuador. Atravesamos los pronunciados valles de campos con centenares de tonalidades verdes donde las diferentes etnias que conviven son conocidas por su agricultura y artesanía; a tan solo sesenta y cinco kilómetros de la frontera colombiana. Una vez abandonamos la Panamericana, comenzamos el ascenso, más de tres kilómetros hacia el poblado de Paragachi. Nos cruzamos con un grupo de mujeres que lavaban montañas de ropa en un canal de regadío junto a las franjas donde se secaban las plantas de frijoles en una carretera sinuosa. Los tractores pisaban las plantas una y otra vez, hasta que las simientes se separan de la cáscara. Ascendimos por una carretera polvorienta que conduce a la entrada trasera de Paragachi, una comunidad de 470 personas compuesta por 135 familias que fue fundada por sus habitantes en 1976, quienes inicialmente y durante diez años cazaron furtivamente hasta que finalmente les fue otorgada la propiedad de las tierras.

Continuamos por senderos polvorientos hasta la loma donde los residentes de Paragachi han construido sus humildes hogares, y contactamos con Hernán, el coordinador comunitario. Su familia al completo junto a dos perros se acercaron a saludarnos a nuestra llegada, y, cada uno, incluido el más pequeño, nos dio un beso en la mejilla. Me llamó la atención tanto su bondad como su humildad. Pronuncié unas palabras de agradecimiento en español y me sentí totalmente arropada. Nos invitaron a su diminuta cocina donde Hernán fríe buñuelos de maíz que llenan la estancia de un apetitoso aroma. Un puñado de coloridas verduras compradas en el mercado contrasta con la árida tierra a nuestro alrededor.

Como voluntaria en el área de subvenciones para la fundación y visitante por vez primera a Sudamérica, sentía curiosidad por esta ayuda para abastecer de agua a las familias de Paragachi. Para saber más, me puse en contacto con Paul Murtha, presidente de la Fundación Montañas de Esperanza (MdE), organización benéfica que gestiona este proyecto y ha fomentado diversos proyectos sociales en el norte de Ecuador desde 2007. La MdE ya recibió en dos ocasiones subvenciones de la TPRF, una de ellas tuvo como destino la traducción del mensaje de paz de Prem Rawat al quechua; la segunda ayuda proporcionó asistencia a las víctimas de las riadas en la costa de Ecuador en el año 2008.

Paragachi dispone de su propio microclima seco y las precipitaciones que caen en la zona suelen detenerse a un kilómetro de Paragachi. Los cactus del tamaño de un Volkswagen, algunos pinos y árboles frutales componen la flora autóctona que subsiste aquí. La falta de agua para regadío hace que las familias mantengan una escasa esperanza de ver crecer algo en sus diminutas parcelas a pesar de su deseo de llegar a ser autosuficientes.

El 40% de los trabajadores residentes, incluyendo a los jóvenes, son agricultores de la región. Al amanecer, viajan hacinados en los camiones para el ganado de camino a los campos de cultivo. La mayoría de las mujeres que trabajan en los campos regresan a sus hogares para preparar la comida, lavar y cuidar de los más pequeños, muchos de ellos esperan solos en casa o bien acompañados por sus hermanos durante horas después de salir de clase hasta que sus padres regresan a casa.

El poblado de Paragachi hace tiempo que ha sido relegado de los planes de asistencia social. En 2010, la MdE intentó que fuera incluido en el Proyecto Tierra Viva establecida gracias al apoyo económico de la Fundación The Vibrant Village.

Ese proyecto agrícola sustentaba a 22 familias de Paragachi al crear jardines ecológicos con el sistema Grow Biointensive®, un sistema que ahorra abono y agua por condensación e incrementa la producción en un entorno que resulta todo un reto. A consecuencia de varias estaciones secas sus expectativas de recoger algo productivo mermaron e incluso algunas familias fueron penalizadas por utilizar el agua potable en sus huertos.

Algunas semanas después, en una emotiva reunión municipal una inesperada solución salió a la luz. Luis Angamarca, presidente de Paragachi habló sobre un sistema de irrigación que en épocas anteriores había sido utilizado por 20 familias. El agua llegaba a través de canales y tuberías soterradas desde un río a poco más de tres kilómetros en las montañas, pero el sistema se había deteriorado y nadie había considerado la posibilidad de restaurarlo; estaban acostumbrados a que la ayuda social les fuera denegada.

Paul Murtha propuso un plan viable en la reunión que incluía posibles subvenciones. La MdE y el ayuntamiento de Paragachi podrían solicitar un estudio de ingeniería al municipio de Pimampiro. Si la renovación del sistema era factible, se presentaría una propuesta a la TPRF, requiriendo los fondos necesarios para reemplazar y ampliar el sistema de irrigación que abastecería de agua a todas las familias de Paragachi. El plan fue muy bien recibido por todos y la idea de una “Paragachi Verde”, rebrotó.

El plan incluía la participación de “mingas” o familias unidas trabajando, una figura comunitaria que tiene raíces en el pueblo andino. Cuando la TPRF aceptó el proyecto “Agua para Paragachi”, todos los sábados, durante dos meses, entre 50 y 80 habitantes de Paragachi viajaron a las tierras altas para reemplazar las viejas tuberías por otras nuevas. El municipio de Pimampiro donó retroexcavadoras y equipamiento de construcción para instalar el sistema de distribución bajo las calles de Paragachi. Dos de los tanques de agua fueron renovados y conectados al sistema, el resultado: el agua tan codiciada iba a regar los huertos de 135 familias.

Un sentimiento renovado de esperanza y dignidad inundó a los habitantes de Paragachi y continuaron otros proyectos de ONG locales para ayudar a renovar el colegio de primaria y el centro de día. La Fundación The Vibrant Village aportó fondos para que 74 familias se beneficiaran del sistema creado por Tierra Viva Biointensive para sus huertos. Las familias comenzaron a imaginarse cosechas lo suficientemente abundantes como para poder vender en el mercado, e incluso, que las madres pudieran permanecer en casa y sin tener que desplazarse a trabajar a los campos de cultivo.

Estaba claro que este esfuerzo conjunto había aumentado el ánimo de la comunidad. Hubo una transformación sostenible y una mejora en la calidad de sus vidas.

Huertos familiares florecen tras restaurarse el sistema

El programa, ahora denominado «Pueblo Vibrante», se inició con una donación de 15 860 dólares estadounidenses provenientes de la TPRF, al que se sumaron otros fondos hasta alcanzar la suma de 61 464 dólares. Bajo el auspicio de la Fundación The Vibrant Village, este completo modelo de «Pueblo Vibrante» se ha adoptado en otras comunidades al norte de Ecuador.

El 12 de febrero de 2012, la comunidad de Paragachi celebró la llegada de agua para el regadío con una fiesta inaugural, como expresión de gratitud. Se proyectó el vídeo de la TPRF «Dignidad, Paz y Prosperidad». Más tarde, en una simbólica «apertura de válvula» se hizo que brotara el agua proveniente de las montañas al aire, vaporizando a los presentes e invitados con una esperanza renovada.

Una inusual lluvia comenzó a caer, como si los espíritus de la naturaleza andina quisieran unirse a la celebración y los jóvenes de Paragachi bailaron en el barro hasta el alba.

Dos meses más tarde, varios residentes de Paragachi se unieron a los 36 invitados andinos que viajaron durante 10 horas en una línea especial hasta la ciudad costera de Guayaquil para escuchar a Prem Rawat hablar en persona sobre el mensaje de paz, una celebración para el corazón tan refrescante como el agua que mana por Paragachi.

La visita a Paragachi reforzó mi reconocimiento hacia la TPRF y al proceso para otorgar donaciones. El proyecto «Agua para Paragachi» resultó todo un éxito debido a la colaboración comunitaria y a su esperanza renovada entre la gente amable de este sencillo poblado. Su alegría, después de recibir la ayuda necesaria tan esperada, me marcó para siempre. Espero poder volver algún día a una Paragachi, tal vez, más verde, quizás, mientras celebran un recolecta de productos frescos en uno de los huertos familiares.

Fotos: Paul Murtha y L. Michael Adams

 

 

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