Actualización desde Kenia: La historia de Hannah

El año pasado, la Fundación Prem Rawat (TPRF, por sus siglas en inglés) se asoció a la organización The Adventure Project (Proyecto Aventura, TAP) para ayudar a que cincuenta granjeros, en Kenia, se convirtieran en empresarios y así obtuvieran ganancias. Nos enorgullece informar de que esos granjeros han pasado de la pobreza a estar en una situación acomodada y 75 de sus hijos van a asistir a la escuela, con el dinero obtenido de la venta de sus productos. Becky Straw, cofundadora del TAP, nos presenta el siguiente relato que muestra el alcance que ha tenido este regalo para alimentar a los necesitados en Kenia.

Me gustaría poder llevarte allí. Me gustaría tomarte de la mano y que te sentaras junto a mí en el sofá de Hannah para experimentarlo en persona.

Me senté y aprecié la casa tan modesta con tan solo una pequeña sala de estar flanqueada por dos sencillas habitaciones. Una simple bombilla cuelga del techo de lata mientras docenas de pollitos pían sin cesar en el exterior. En el interior, admiré la pared, cada centímetro estaba cubierto con imágenes; pósteres de fútbol, calendarios añejos y tapices bordados en la pared. Al acercar la mirada comprobé que eran versículos de la Biblia, cosidos en alegres flores: “De aquél a quien se le da mucho, también se espera mucho”.

A nuestra llegada, Hannah gritó con alegría, como lo harían muchas mujeres, “¡habéis llegado muy temprano, no me grabéis, todavía no me he peinado!” Nos produjo risa, mientras ella entraba en la casa.

Cuando esperaba mientras ella se arreglaba, pregunté a su hijo Steve qué tal le iba en la escuela, y modestamente contestó “bien” como el típico adolescente que camina como alguien que está en edad de crecimiento. Le presioné un poco hasta que dejó a un lado su indiferencia de séptimo grado y nos confesó su sueño: “Cuando sea mayor quiero trabajar como gerente de hostelería”.

“¿Por qué?” preguntamos.

Hannah y Steve

Su vecino es director de hotel, y dispone de una buena casa, reconoció. Es posible que nuestro presidente pueda venir a este hotel, y eso será muy emocionante. Es un sueño muy humilde, pero es alcanzable. Es posible porque obtiene excelentes notas y, también, gracias al apoyo familiar, en especial, el de su madre.

En el exterior, Hannah me da un gran paquete, envuelto en lona amarilla y atado con cuerdas, como si de un regalo se tratara. Luego me percaté, “Vaya, esta es la bomba de irrigación”.

Kuyu, el director de ventas de Kickstart, me mira, sonríe y me habla en voz baja, “resulta gracioso que lo haya envuelto así. Es de pintura resistente y no se va a dañar”. Hannah ha tenido esta bomba durante dos años y parece nueva.

Bajamos cuidadosamente hasta su pequeño jardín, y caminamos entre los árboles, hasta alcanzar un claro abierto frente a nosotros desde donde se divisa el cielo. Una diversidad de frutas y verduras se extendían en surcos impecablemente realizados. Unas enorme flores silvestres de color fucsia crecían a lo largo de la valla. Un Edén inesperado.

Con cuidado, desenvuelve su bomba y regresa al trabajo. La producción agrícola de Hannah se ha triplicado desde que compró la bomba de irrigación y es consciente de ello.

Su historia no es la única, los beneficios que produce una bomba son inmensurables. Una sola de ellas tiene la capacidad de multiplicar las cosechas hasta 3-4 veces al año y puede irrigar 8000 metros cuadrados al día. Puede hacer que una familia de granjeros pasen de la escasez a tener una vida acomodada en tan solo una temporada.

La ironía es que el 75 % de los hijos de los campesinos de subsistencia en África padecen hambre debido a que no pueden recolectar lo suficiente para alimentar a sus familias. Con una bomba de irrigación los granjeros disponen de tanta comida que el excedente puede ser vendido en el mercado. Con los beneficios pueden enviar a una media de 1.5 niños al colegio por primera vez.

Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme un solo aparato en el mundo occidental que sea comparable a la bomba. ¿Qué dispositivo tenemos en el mundo occidental que pueda hacer que una familia que lucha por su supervivencia se convierta en empresaria?

Hannah y Steve al cuidado de la huerta

Después de que Hannah terminara de regar su jardín, cogió su viejo cubo, lo llenó de agua del pozo pequeño he hizo algo inesperado, comenzó a lavar meticulosamente la bomba para quitarle cualquier resto de polvo o barro. A conciencia, metódicamente, como si de un niño se tratase.

Pasados 20 minutos de cuidados, la dispuso en un plástico, la ató y puso la manguera en una bobina impoluta. Le pregunté si seguía esa rutina a diario.

“No —respondió— las plantas necesitan agua en días alternos”. A su manera, me había contestado a la pregunta. Saqué el cuaderno de mi mochila y escribí una palabra en el margen: valor.

Hannah y su marido adquirieron esta bomba por sus propios medios. El Proyecto Aventura está ayudando a subsidiar el coste del programa Kickstart, para que la bomba pueda ser comprada a un precio razonable. Kickstart ha desarrollado un programa para que aquellos campesinos sin recursos la puedan adquirir mediante plazos.

Con los ingresos generados por la venta de productos, Hannah, ha comprado gallinas para poder vender huevos junto a los productos de la huerta. Puede permitirse el pago de la matrícula de su hijo y, ahora, ya no se perderá las clases como antes, cuando no podían permitirse comprar zapatos ni calcetines.

Se acabaron las largas jornadas de trabajo bajo el sol, llevando un cubo, empapando con agua las semillas, ahora, Hannah dispone de tiempo para su actividad favorita, dar clases de catequesis dominicales en su iglesia.

No me imagino una inversión más valiosa, más preciada.

Esta es la Kenia que conozco y adoro. La historia de la que quiero que formes parte. No existe el anhelo, la mendicidad, ni existen los estómagos abultados o los ojos hambrientos. Si se derraman lágrimas, son las mías y, tal vez, las tuyas, motivadas por la felicidad. Por mi parte, sé que he encontrado mi vocación. La oportunidad de jugar un pequeño papel al dar algo más valioso que el oro; un trabajo.

Amigos, hemos marcado un ambicioso objetivo: queremos ayudar a otras 323 familias en Kenia este año. Cada granjero necesitado podrá adquirir una bomba por 400 dólares. Si tiene éxito, nuestros fondos permitirán que 323 campesinos dispongan de cosechas suficientes para poder obtener beneficios —alimentando a 25 000 vecinos y enviando a 500 de sus hijos al colegio por primera vez. Imagínate dar a alguien como Hannah la oportunidad de su vida.

“En The Adventure Project nos sentimos honrados y agradecidos por la labor realizada por la TPRF respecto al suministro de alimentos, el agua y a acercar la paz a todos los rincones del mundo. Su apoyo en nuestra Campaña contra el Hambre ha beneficiado a miles de personas, y su donación de 10 000 dólares permitió crear 25 puestos de trabajo el año pasado. No podemos expresar nuestra gratitud por todo lo que ha hecho y continúa haciendo para que este mundo sea un lugar mejor. Gracias”. – Becky Straw, cofundadora de The Adventure Project.

Fotos por cortesía de The Adventure Project

Hannah en su huerta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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