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Una inagotable mina de paz
Hay algo que se nos da a todos en abundancia, pero nunca es bastante. ¿Qué es? Tiempo. Se nos da en gran cantidad, pero queremos más. Todos dicen que no tienen suficiente y, aun así, nos sigue llegando. Todo el tiempo que se nos da es nuestro, pero no podemos retenerlo. Viene y se va, y lo único que nos queda es lo que hayamos hecho con él.
¿Qué deberíamos hacer con ese tiempo? Somos unas criaturas tan “activas” que olvidamos algunas cosas fundamentales. ¡Nos sentimos empujados a hacer tantas cosas…! Gran parte de lo que creemos que debemos hacer no viene de nosotros, sino de otras personas. Por una vez, estaría bien sentir lo que de verdad queremos hacer, el anhelo que nos llega desde dentro, no el que procede del mundo exterior.
Existe otro anhelo, algo que impulsa e inspira a cada ser humano. Y eso es el deseo de sentirse pleno, no como una idea, no en nuestra imaginación, sino de verdad. La paz… el estado en el que no hay confusión, ese lugar que no está en “mañana”, sino ahora, donde la presencia tiene un valor real y la ausencia no tiene ninguno. Que exista una comprensión de lo que significa estar vivo… ¡vaya regalo!
¿Qué tiene de especial un ser humano? Se ha dicho que es la puerta al conocimiento de cómo conectarse con la paz, una paz que reside en cada ser humano. No se trata de lo bueno y lo malo, de ganar o perder. Tampoco se trata de resolver problemas, porque cada vez que soluciones uno vendrá otro detrás. Se trata de sentir el regalo que se nos ha dado a todos.
Hemos tenido un sueño durante muchísimo tiempo, un sueño espectacular, maravilloso, que decía: “Siéntete en paz”. Nada de miedos, ni dudas, ni sufrimiento, ni dolor, ni confusión, sino claridad. Sentir esa comprensión, vivir en la alegría, estar en la realidad. La verdadera realidad es un sentimiento.
¿Cuál es tu realidad? Tu realidad es que existes pero un día no existirás. Lo esencial no son tus planes. Sólo hay un juego al que puedes jugar, y es el de sentirte plenamente satisfecho. Eso es todo. Cuando despiertes y sientas tu corazón lleno de gratitud, cuando despiertes y sientas paz, sabrás que estás ganando. Cuando sientes eso, ya has ganado.
El deseo de paz no puede venir del intelecto. Tiene que venir del corazón. La paz es la recompensa. La alegría es el premio. Una vida colmada. Ésa es la recompensa más increíble, el mayor honor.
El anhelo de paz siempre es noble, porque no tiene fin. Es la victoria más auténtica para cada ser humano. No se trata de todos los desiertos que puedas cruzar ni de las montañas que puedas escalar. Se trata de sentir, de admirar el espacio interior. La vida es eso, no las cosas que ocurren en ella.
Siente el sentimiento supremo. Cuando cavas en una mina inagotable, realmente no importa lo mucho que extraigas de ella. Lo único que puedes hacer es cavar y cavar y seguir cavando… hasta que ya no puedas.
Siente paz cada día en tu vida. Siente agradecimiento cada día. Cuando tienes esa plenitud, realmente tienes vida. Es así de sencillo.
Maharaji
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