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Susan Ramsey reside en Colorado desde hace 32 años. En la actualidad, está prejubilada de una carrera profesional vinculada a la industria de los productos naturales y está descubriendo las actividades artísticas y creativas. Este es el motivo por el que viaja a América Latina para visitar a artesanos indígenas. Desde que era estudiante de antropología en Macalester College, Susan disfruta conociendo gente de todas las clases y culturas. Esta pasión le ha llevado a coordinar como voluntaria el Programa de Educación para la Paz (PEP) en centros de acogida para personas sin hogar.

Siempre he querido participar en actividades de voluntariado. Comencé, de adolescente, en un centro de Head Start. Vivo en Lakewood, una zona residencial de Denver, Colorado y hace algunos años, unos amigos míos, que habían estado presentando el PEP en unas prisiones de la zona, me invitaron a unirme a su equipo. Ya conocía el éxito de este programa en todo el mundo, así que aproveché la oportunidad para participar en mi ciudad..

El octubre pasado, tras escuchar a un amigo hablar sobre un PEP para veteranos sin hogar en el área de Boston, recordé de que había sido voluntaria sirviendo cenas en The Delores Project, el único centro de acogida nocturno en Denver para mujeres en situación de vulnerabilidad y personas transexuales sin hogar. Contacté con el director de Participación Ciudadana y organicé una presentación.

En la sesión inicial me presentaron a Heather Orem, su abogada para el plan de transición, que trabaja con un programa llamado «Pasos para la estabilidad», el cual incluye talleres de habilidades para la vida. Tras conocer el programa educativo decidió incluirlo en ese programa..

Algunos de los usuarios llevan viviendo más de seis años en el centro The Delores Proyect, otros permanecen períodos más cortos. A diario deben abandonar del centro de 8 de la mañana a 5 de la tarde, pero los martes pueden volver antes para los talleres. Muchos de ellos pasan el día en otros centros de acogida o en la biblioteca. Nunca sé quién va a asistir a cada taller. Algunos dicen que vienen porque así pueden regresar al centro antes, pero después se dan cuenta de que la clase les proporciona una sensación de paz y claridad.

Muchos de ellos han tenido vidas muy difíciles. Algunos son bastante reservados y no suelen compartir nada durante el tiempo de reflexión; sin embargo, otros, rápidamente, comentan sus impresiones sobre el mensaje y cómo se relaciona con sus vidas.

Una de los asistentes comentó: «Esta clase nos prepara para cuando tengamos nuestra propia casa. Porque, incluso cuando la tengamos, tendremos que enfrentarnos a los problemas del mundo y encontrar la paz». Otro dijo: «Cuando Prem habló de que un promedio de esperanza de vida de 70 años equivale a 25.500 días, realmente me impactó. Me estoy haciendo mayor, y siempre solía pensar en el mañana. Pero ahora quiero pensar en el hoy, es todo lo que tengo».

El año pasado, más de 300 asistieron al menos a un taller del PEP. Varios han completado tres sesiones de 10 semanas y va en aumento. Valoran mucho recibir un certificado de participación después de cada curso. Les proporciona un sentimiento de realización al que no están acostumbrados en sus vidas.

Un participante de Delores mostró a un supervisor de una clínica de salud mental para pacientes sin recursos un folleto del PEP, con un extracto del mensaje de Prem. El supervisor se puso en contacto conmigo para decirme que el PEP es un programa perfecto para sus instalaciones, en parte debido a su naturaleza no religiosa. En breve comenzarán los talleres del PEP, coordinados por el personal de la clínica.

Karon, otra participante, forma parte del comité directivo del centro local de acogida diurno para mujeres, The Gathering Place. Muchos usuarios del proyecto Delores pasan el día en estas instalaciones. Karon propondrá el programa para The Gathering Place.

Durante el año pasado, he conocido a unos cuantos participantes y siento que todos somos iguales. Veo como el PEP les brinda una gran esperanza y apoyo. Cuando escucho las historias sobre sus difíciles circunstancias y veo cómo son capaces de apreciar el hecho de estar vivos, entonces, me doy cuenta del poder del mensaje de Prem.

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