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Mothobi Tlale, tiene 23 años y es coordinador del Programa de Educación para la Paz (PEP) en la zona de Phiri, en Johannesburgo, Sudáfrica.

Escribo esto para compartir la historia de mi vida y el modo en que le cambió el programa educativo.

Mi infancia fue difícil porque estuve alejado de mis padres durante mucho tiempo. Vivía con mis dos hermanas y como era el único varón me sentía presionado por mi familia, mis amigos y, en realidad, por toda la comunidad. Cuando estaba en 4º de secundaria, para sentirme aceptado empecé a salir con los peores alumnos de la escuela. Al poco tiempo y, también por la misma razón, para encajar comencé con las drogas. Acabé siendo adicto y mi vida cambió.

Pasé a la delincuencia, a robar a la gente y hacer todo lo necesario para satisfacer mi dependencia. Juzgaba a los demás, convencido de que sabía todo sobre la vida, pero lo cierto es que, como descubrí después, no sabía ni quién era yo. Cuando empecé a hacerme preguntas difíciles, me sentí desalentado por lo que estaba haciendo con mi vida.

Mothobi

Mothobi Tlale, segundo a la izquierda, junto a otros coordinadores del PEP que se reunieron con Prem Rawat en Sudáfrica.

Al terminar la educación secundaria encontré un nuevo propósito en mi vida, al poner en marcha una ONG llamada Club de Jóvenes de Phiri. No solo dejé las drogas sino que empecé a luchar contra ellas en mi comunidad, porque suponen un grave problema. Desarrollé un programa de habilidades y descubrí que el arte no se me daba mal. La oenegé se especializa en actividades relacionadas con el arte y la cultura. Trato de ser un líder que ejerce una influencia positiva en mi comunidad.

Mothobi

Mothobi en una clase del PEP en Johannesburgo

Hace algo más de un año me presentaron el PEP  y fue una bendición, porque cambió aún más mi vida en el mejor sentido. Al principio no lo entendía, porque pensaba que la paz era algo físico. Pero a medida que el programa se iba desarrollando, aprendí sobre las necesidades básicas de un ser humano. Ahora sé que no tengo que buscar la paz, porque ya está dentro de mí.

Desde que comencé el PEP, mi vida ha cambiado en el sentido de que aprecio constantemente el hecho de estar vivo, y eso es importante. Respiro, y esa es la mayor bendición posible. Prem Rawat ha cambiado mi vida y por esa razón yo quiero cambiar las vidas de otras personas. Eso fue lo que me motivó a ofrecerme voluntario como coordinador del PEP en mi comunidad y, sinceramente, está cambiando la vida de la gente. Me encanta ayudar a que todo el mundo comprenda mejor la paz y a que sigan por ese camino. A todos les gusta mucho el programa.

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